martes, 22 de junio de 2010

TEMA DE ANTOLOGÍA - CARTAS DEL RECUERDO

MONSIEUR JAMES, julio 2, 2009 a las 1:21pm

A SUZIE

Suzie,

Desperté vagabundo. Adivinando en cada lugar el espacio que ocuparon tú y nuestras travesuras. Te has ido sin permitir que el ruido de la puerta al cerrarse tras de ti, luego de tu partida, me despertase del sueño en que me dejaste con tus últimas caricias, las que me adormecieron dulcemente. No te sentí partir. Te hiciste liviana como una paloma y me pregunto si no fue por la ventana que emprendiste el vuelo.

Soñé, sin darme cuenta, y me encontré en un sendero ya conocido. Había regresado al sendero árido, al sendero poblado de cascajos en que el peñón que siento en el alma es como una piedra infinita en aquel siniestro camino.

Miré desesperado buscando despertarme junto a unos ojos melinos u andreanos que puedieran recuperar mi luz una vez más En ese desierto y en esa soledad, esta vez no hubo nadie ni nada. Y yo aún con el sabor a nuestros últimos revoltijos de lágrimas y mocos. Volví a soñar el oasis que me habías regalado a lo largo de estos últimos casi seis años, como queriendo no dar crédito, acaso, el ocaso al que me empujarías tan repentinamente. .

Desperté sobresaltado con un horrible dolor invisible. Quise reclamarte, quise vengarme, quise culparte de mi repentina angustia y no pude. Sin embargo, tus cartas quedaron multiplicadas en mil pedazos desintegrándose entre mis desesperados dedos, de esas manos que ya nunca más te tendrán. Como las mil y una paloma que quisieran emprender tu mismo vuelo. Luego las recogí enternecido, las besé y las volví a guardar en ese cofre que cuenta la mitad de la historia de todo nuestro amor. La otra mitad, espero la conserves; es la prueba que te dió mi pluma, de mi renacido e increíble amor.

Vagabundo me he quedado, aunque ya siento que lo mejor de nuestro amor forma parte del jardín más hermoso de mi vida. No dudo de ése, tu tierno y delicado amor. Y eso es maravilloso. Así te quedarás, como la artista que un día abrió la puerta de mi corazón y me mostró la primavera. Mi alma llena de tus ternuras, esperando, tal vez, con otra esperanza vagabunda, que un día me alejes de este sendero pedregoso y me quites este peñón que un día convertiste en dicha y que hoy ha vuelto a ser peñón.

ESQUELA

La verdad no se como interpretar ya nada. Me he puesto aún
más egoísta conmigo mismo. Creo que nada podría ser igual.
Si antes amaba soñar sin ser despertado por el afanoso ruido
del día, hoy presiento en cada sueño una terrible pesadilla.
Río igual que antes, pero mi risa lleva algo de sarcasmo,
ese sarcasmo que viene de la nada y que no logro vaciar de
aquí dentro.
¿Cuál es el lugar que ocupas en este ajetreo de mi alma?, ya
ni siquiera podría decírtelo. Te amé, sí con toda mi alma.
Me dolió tu partida más que todos los dolores juntos. Te
sigo viendo en cada risa y en cada cariño que me otorgan mis
hijos.
Te odio cada vez que los veo tristes. Esos hijos, nuestros
hijos, que recuperaron mi salud desde que partiste. Si me
preguntan ¿qué pasó? debo evidenciar con mucha tristeza, que
te enamoraste de otro y esa es mi cruel respuesta. Ese otro
que aún permanece como una sombra creada por la envidia de
tu hermana, Alicia; Alicin, como tú la llamas.
Perdona mi franqueza, ahora que se acabaron las maletas
llenas de regalos que venían de lejos, probablemente te han
ido dando vuelta la espalda. Dejaste de ser la hermana rica
que venía con dólares y con ideas un poco más liberales.
Ahora eres pobre y estás triste, no mientas yo lo sé. No
quiero que llores, me gustaría incluso que fueras muy feliz,
pero sé que no podrás serlo.
Mi amor seguirá confundido entre el Pepo que fui y el
Querido Jaime de hoy. Nunca supe si me quisiste y creo que
nunca sabré lo que por mi sientes. Ese trago amargo tiene ya
un sereno sabor. Es tal vez la costumbre.
Tus hijos te necesitan, ¡ cómo les cambiaría la vida! Y como
cambiaría la mía si supieran perdonarte. Yo sé que sufren.
Para ti todavía es tiempo de recuperarlos. Recuperarlos es
volver a su lado, piénsalo, me gustaría verte fundirte en
ellos y darme la paz para un día partir alegre.


ELISA GOLOTT, julio 2, 2009 a las 6:41pm


ARREPENTIMIENTO

Luis Santos:

Y pasarán los años. Y mi recuerdo aún rondará tu memoria. Tus labios recordarán mis besos y tus manos creerán que pueden tocarme en el tiempo. No podrás jamás despertar sin decir mi nombre. Ni en las noches cerrar tus ojos sin sentir mi perfume.

Caminarás largos senderos, y ansiarás mi mano en la tuya en el lento andar. Oirás mi risa cada tarde mientras, solo, mirarás los árboles añosos, por los ventanales, de esa casa que nos cobijó.

Suspirarás con dolor en el pecho, donde guardas ese corazón que me traicionó. Y la humedad de mis lágrimas por años vertidas en tu memoria acá en la distancia, la sentirás en tus mejillas cayendo a raudales y dañarán tu piel.

Y seguirán pasando los años. Y como una letanía dirás mi nombre con la tristeza más grande que pueda existir. Y el arrepentimiento de lo mal decidido marcarán tus horas, con la indeseable intensidad del fuego que quemará tu memoria.

Mientras yo liberada de tu atadura invisible, solo te recuerde en el minuto de morir.

MILAGROS HERNÁNDEZ CHILIBERTI, agosto 15, 2009 a las 1:15pm


EMAIL Vs MESSENGER


EMAIL I


Santiago, 23/enero/2006

Querido Sergio:

Durante mucho tiempo he leído tus frases en mi ordenador, he captado tu gran intelecto y tu espiritualidad prodigiosa, tanto… que los segundos, minutos y horas transcurren sin detenerse en la elocuencia cristalina de nuestra especial relación. Sólo he visto tu rostro y parte de tu pecho a través de la webcam. Y tú también poco de mí has tenido, nada más allá de la coquetería de mi sonrisa y las confidencias de mi soledad. A ratos, ya no soy tan tímida y te pregunto: ¿te gustan mis zarcillos, mi sortija, mi blusa? Tus respuestas agradan mi ego femenino... y casi creo seducirte con mis cursis palabras de esos momentos tiernos: me fascinan tus ojos, tu mentón y tus manos... tu sexy es desbordante. Y así, un día y otro día...

Anoche, por la emoción de nuestro largo encuentro por Internet, continuaste a mi lado estando dormida y en mí te quedaste... Soñé disfrutar entre tus brazos… La brisa marina acariciaba mi cabello, mientras tus labios se aferraban a los míos y tu lengua saboreaba las huellas del mar en mi piel...


EMAIL II


Madrid, 24/enero/2006

Querida Susana:

Me besaste en tu sueño. Eso te hizo estar entre mis brazos... yo también lo sentí así. Me encantó navegar contigo. El mar era más lindo si pudiera serlo. El sol calentaba lo justo y hasta las gaviotas eran cómplices nuestras. Disfruté de tu compañía, y en el suspiro que duró el cálido paseo... toqué el cielo con los dedos. Sentirte entre mis brazos con los tuyos rodeando mi cuello, bajando a mi espalda, a mi torso y mi pecho... ha sido una sensación inolvidable. Aun me tiemblan las manos abrazando tu vacío…

Necesito estar contigo, te amo desde siempre. Este amor no es virtual, y si lo fuera por su pureza blanca, también me ha producido sudor y deseo, por lo tanto, es demasiado real. Necesito surcar el cielo, navegar este océano y llegar hasta tu cuerpo, porque tu alma ya casi la tengo.


EMAIL III


Santiago, 14/abril/2006

Querido Sergio:

Espero te encuentres bien disfrutando lo bello de la vida de lo cual Dios te ha rodeado. Es bueno para mí saber que del otro lado de océano existe un hombre tierno, apasionado y amable, capaz de manifestar cariño viajando por Internet. Ha sido realmente maravilloso, experimentar tanta empatía entre tú y yo.

Sin embargo, pasar demasiadas horas trascendiendo la realidad como en una especie de reto hacia nuestras potencialidades corporales y espirituales, no creo sea conveniente para nosotros ni para ninguna persona. Entiendo eres un hombre hecho, responsable, trabajador y padre amoroso. Es increíble, pero yo poseo las mismas características, sólo que soy mujer. Te he dicho que mi pensamiento ha sido siempre matemático porque el estrato masculino de mi cerebro se ha desarrollado… sé calcular, medir y provocar reacciones humanas, y también sé entender cuando yo soy el objetivo.

No nos hagamos los tontos, tal vez estamos diseñados con características de gran aceptabilidad el uno para el otro, pero nuestra vida real continúa y necesitamos la plenitud de nuestra fortaleza para seguir llevándola. Por nosotros mismos y por los que amamos.

Te diré algo, que no se lo he dicho a casi nadie: comprende que me siento capaz de ir y venir; hacer y cambiar; disponer y decidir; amar y sufrir… Creerme capaz de todo, casi produjo en mí un colapso en mi enfrentamiento con las simplezas de este mundo que están allí para ser conocidas, amadas y superadas. Eso también hizo que un día, no hace tanto tiempo, buscara un mayor encuentro con Dios y me postrara ante Él ofreciéndole los actos que a partir de ese día sobrevendrían al resto de mi vida.

Te amo, lo sabes, sé feliz.


EMAIL IV


Madrid, 16/abril/2006

Querida Susana:

De regreso de mis cortas vacaciones de Semana Santa, me encuentro con tu "reflexión" o declaración unilateral de intenciones. Quiero decirte, que lo esperaba... Nuestras dos últimas comunicaciones por MSN, ya me lo habían advertido de forma clara y contundente. No lo entiendo bien... ¡siento que te necesito tanto!... pude creer que sentíamos al unísono.

En cuanto el resto de cosas y sentimientos, no voy a hacer ningún comentario. Que todo quede ahí... fue algo que sucedió de forma mágica y nos envolvió durante algún tiempo en una burbuja de ilusión y fantasía. Todo lo que te dije... todo lo que sentí... fue auténtico y real. Sin embargo, respeto tus palabras expresándote que no es mi intención interferir en modo alguno en tu concepción de la vida... y menos aún que esta interferencia afecte aquello que por entrega y constancia, forme parte de tus principios fundamentales.

Debo manifestarte que eres la mujer más extraordinaria que he tenido la suerte de conocer. Doy gracias al cielo por haberme regalado tu amistad y tu amor. Te seguiré esperando.


EMAIL V


Santiago, 01/mayo/2006

Querido Sergio:

He reflexionado que mi existencia es maravillosa y sigue transcurriendo como siempre, sólo que ahora pienso en ti... Te aseguro que tu recuerdo no me estorba para seguir siendo yo. Sin embargo, se me ha ocurrido lo que debo hacer, para dar un rumbo saludable a mi vida. Te pondré como no-admitido el mayor tiempo posible o podría borrarte de mi MSN, para no tener la tentación de dedicarte tanto tiempo. ¿Te has dado cuenta que contigo actúo aceleradamente y digo muchas cosas y eso me excita? Y aunque me alegro por descubrir que estoy viva... pondré punto final.

Esta mañana comencé un nuevo libro, si lo publico será impactante... Se refiere al descubrimiento de la pasión dulce y sublime pero que necesariamente debe llegar a ser erótica... esa es la razón final, porque de lo contrario sobreviene el fracaso súbito de la misma. Me ha gustado mi nuevo estilo, pretendo ser profunda... nada vulgar... impecable y elegante. Nunca imaginé que llegaría a escribir sobre ese tópico.

Sergio... nunca dejaré de amarte.


DORA PIZARRO TORRES, octubre 25, 2009 a las 2:31pm

CARTA A MI MADRE

Madre,hoy estoy a tu lado por milésima vez.Recurren a mis ojos las veces que te abracé.Tocas mis manos y no me conoces.Mis ojos te resultan ajenos y mi voz es para tí, la de una desconocida.Tomo tus manos y están frías,tus ojos vagan a mi alrededor,recorren la habitación mientras yo los sigo desesperada para poder hallarte.Me siento a tu lado y te abrazo como lo hacíamos muchos años atrás ,conversábamos y reíamos.Ahora ya nada es igual,los antiguos recuerdos se esfuman,se los llevó el tiempo,Permaneces sentada sin saber donde estás .Tus brazos recorren las almohadas como si buscaras algo que nadie sabe qué es.Tus manos recorren los bordes de la cama, como si siguieras una sombra que a mi me resulta un fantasma.Te apegas a mí ,como si fueras mi hija pequeña.Tu cara de atrora,expresivo , lleno de alegría y vida, permanece triste,como viendo pasar el tiempo que de a poco te lleva¡.no sabes lo que daría por verte feliz! , que tu sonrisa llegara de nuevo a tu boca y me contaras de tu infancia,como lo hacías cuando yo era pequeña.Quisiera que recontaras las travesuras que hacías con tu hermano ¡cómo trabajaban los dos ,un par de niños con una madre ausente! las veces que escobilla en mano,peleabas con los uniformes de tu hermano para que quedaran limpios,tratando de suplir con tu trabajo lo que no pudo hacer tu madre y sólo tenías nueve años.Quiero que me cuentes de nuevo de el día conociste a mi padre,las veces que salían a dar vueltas a la plaza, con tu hermano menor de chaperón y cada vez que te acompañaba,exigía para sí, un pastel de chocolate y un helado gigante.Quiero que me cuentes más de tu vida ,de tu niñez ,de tu devoción a la Madre del Cielo,de tus mejores amigas,de tus amigos, de tus alegrías,tus penas y fortalezas,Enséñame de nuevo todo lo que me enseñaste,todas las cosas vividas, los paseos, los viajes, llévame de nuevo a la escuela,cómprame de nuevo mi primera muñeca,mi primer uniforme,mi primer rosario, mi primer misal.Dibújame la primera estrella,el primer payaso,la primera casa, péiname de nuevo para mi primer día de clases,abrázame como sólo tú lo sabes hacer,Madre,aun que sea por un momento fija tus ojos en mí,posa tu mano en mis cabellos ,quiero que me conozcas, soy la carne de tu carne .los huesos de tus huesos,vuelve,no permitas que esa sombra oscura de olvido nos separe,¡Madre regresa a mi!.


MARÍA LUISA LANDMAN, enero 6, 2010 a las 7:23pm

CARTA A MI HERMANA ALEJANDRA

I


Yo, por lo menos, no voy a condenarte ni a lapidarte…
Por el contrario, te debo mi admiración a tu enorme, grandísimo valor, a tu fe, a tu amor al prójimo, por el que surgiste siempre, a tu entrega y abnegación…
El tremendo, dolorosísimo y angustiante proceso por el que has pasado (y sigues pasando)... Del que podemos “hacernos idea”, “aproximarnos”, pero “sólo tu conoces realmente”...
Tu lucha valiente y decidida, tu coraje al despertarte con “eso” cada día, y acostarte con “eso”, cada noche…

No te sientas derrotada, ni vencida.
Has dado mucho de ti, has soportado y sufrido mucho… Y, aunque tu cuerpo ya no quiera más batallas y tú estés cansada, a ti misma, a tu espíritu, el cáncer –ni nada-, lo ha derrotado… Él está sostenido, no te preocupes…

No te quedes con nada adentro;
háblalo todo, dílo todo;
no le debes nada a nadie (cada cual es arquitecto de su propio destino), y, si te quieres morir, si no quieres seguir, confiésalo y que lo entiendan.
Es tu vida, tu destino, tu todo, tu camino…

Nada más, que me da una enorme pena el saber o sentir que partes antes (pero, si te fijas, hace ya tanto que partimos todos…). ¡Mira cuán lejos que estamos de la infancia y juventud, esperanza e ingenuidad de Arias…!

Hace tanto que busco en mí (esta mí tan distinta y lejana a antes), y sólo veo, o siento, recuerdos y añoranzas…

No sé adónde nos lleve nuestro camino, sólo sé que, por mi parte, y creo que la tuya, lo has dado todo. Dejaste el corazón en el camino y siempre has obrado bien.

No te desvíes y confía en ti. Si te llegó la hora de dejarlo todo, suelta esas piedras, suelta esas lágrimas y saca ese peso enorme de responsabilidad de tu mochila.

Vamos a estar bien (con más tristeza y lejanía, sí), pero, tus hijos van a crecer igual, van a ser buenos igual, y nos iremos igual todos algún día.

Este es mi mail, escribe lo que quieras, lo que vivas, lo que sientas; no te lo calles, no te lo aguantes, no te atragantes.
Libérate y respóndete sólo a ti, que te lo mereces. No luches más por nadie, si no quieres.

Un beso y, ojalá, estas palabras lleguen a tu alma, porque desde allí te las mando…

II

He tratado de ayudarte, de darte alas;
he intentado darte fuerzas y esperanzas;
he querido acompañarte lo más posible,
en cuerpo, alma, espíritu y en pensamiento…

Pero eso no basta… Ya lo sé. (Siempre te he comprendido, no creas que no...)

Nuestras fuerzas son limitadas… y lo hacemos lo mejor que podemos…, con la escasa luz que damos con nuestra convicción…

El acto de renunciamiento es lo más grande que podemos hacer en esta vida… Tú a tus hijos, ellos a su madre…

Nadie está preparado para la muerte, nadie la conoce, hasta que le toca, y, yo creo que es algo pacífico, indoloro, de pasar a una especie de levedad pacífica, de dicha quieta, de amor y luz…
Creo en eso. Lo que cuesta es quedarse, quedarse con un pedazo de menos, con una persona menos con quien hablar, reir, llorar y confesarte.

Te deseo mucha paz y tranquilidad; que cesen los tormentos, las angustias y los miedos. Que encuentres, en definitiva, tu propia senda.

Y, pase lo que pase, estés donde estés, siempre voy a estar “aquí” (en un aquí metafísico que siempre estará abierto y disponible para ti); no lo olvides nunca…

Gracias por la cartuchera-mariposa verde y el baúl de cuero que me compraste con tu sueldo en L’Hermetique…, cuando yo pegaba las narices a las vidrieras, deseándolo todo, y no teniendo nada…

Gracias por hacerme reir tanto y de tan buena gana con el Marciano, la Chilena y los álbumes familiares…

Gracias por ayudarme cuando fui a los 19 años a Buenos Aires…

Por el poster de Snoopy saltando y diciendo “¡¡¡Pienso que necesito muchos abrazos!!!”

Gracias por “bancarme” en las buenas y en las malas…

Gracias por ser mi hermana.

Gracias por ser quien eres en mi vida…

Gracias…

Si te vas, ándate con lo bueno, y deja lo malo…

Un gran abrazo,


AMOR MÍO

I


Amor mío:

No sé si hace falta que te diga, que en medio de mi bruma, tú eras la luz que iluminaba mi sonrisa.

Que la vida marchaba triste y confusamente; que navegaba entre problemas, frustraciones y desesperanzas…

Pero que eras tú, con tu presencia, con tu alegría, con tu enérgica y revitalizadora actitud, el que me sacaba de mi sopor nostálgico, de mi transcurrir adolorido y desamparado.

Eras tú el que con tus abrazos me acercabas a la vida.

Amor mío:
Me obligabas a mirarte a los ojos y me hacías sonreir, olvidando por un rato, cobijada en tus brazos, la melancolía y la desazón que me consumían, cuando no estabas tú, cuando tú no brillabas en mi mirada.

Que era tu dulce recuerdo el que me apartaba de mi cruda realidad, de mi hosco entorno.

Que era recordar e imaginar la suave mecedora de tus brazos lo que me salvaba de caer en ese profundo pozo llamado depresión.

Amor mío:
Creo que todo eso lo sabías; pero, quiero que sepas, que en mis recuerdos ocuparás siempre el lugar de las sonrisas y de la ternura.

Amor mío:
Nunca dejaré de llamarte así en mi pensamiento.

II

Fue mirarte a los ojos y descubrir que había un mundo inmenso donde compartir nuestros deseos, nuestras inquietudes, nuestras dolorosas experiencias y nuestras esperanzas.

Fue al zambullirme en tu cálido y acogedor abrazo con los ojos cerrados, sabiendo –sin saber nada de ti-, que me darías la paz que buscaba, el bálsamo que curaría mis heridas que el tiempo dejó en mi alma como un estigma.

Fue saber instintivamente que te comprendía y me necesitabas; fue aceptar, de una vez y para siempre, que me entendías y te necesitaba.

Fue repentinamente que invadiste de sonrisas mis ojos –ahora esperanzados-, y llenaste de música mi corazón, que de pronto cantaba y hacía cantar a mi alma; bajo la lluvia, en medio de la tormenta, bajo un sol inclemente, en medio del desierto…

Fue con tus ojos, tu cuerpo y tus abrazos que sentí de nuevo latir a mi corazón dormido.

Y era mi amor que de nuevo se atrevía a soñar despierto, sin miedo a caer, a tropezar, a rodar, porque tú lo estabas sosteniendo.

Te doy gracias por revivirme;
te doy gracias por despertarme;
te doy gracias por quererme;
te doy gracias por amarme
y permitirme amarte así…
Gracias…


EPÍSTOLA A MÍ MISMA

De Sol a Sol

Te estoy mirando. Te estoy sintiendo; eres yo. Soy tú. Eres mí. Tú eres yo. Mí soy tú. Sé lo que sientes.

Te estoy mirando. Te estoy sintiendo. Sé lo que sientes. Cómo lo sientes. Estás viviendo pensando en mañana. Me estás mirando y no sabes que lo haces. Nunca pensaste que yo te pensaría a ti. Nunca pensaste que te vería así. No sabes que te estoy mirando. Crees que tú me miras. No es así. No pensabas que sería así. Imaginaste las cosas diferentes. Escríbeme una carta. Dime cómo querías que fuera. Lamento decepcionarte. Sé lo que querías... No lo soy. Lo sé... Te defraudé.

Y mientras tú describes mi entorno, sufres porque no eres lo que quieres ser, lo que debiste ser, lo que no soy, lo que debí ser y no soy. Lo que quieres que sea... Con tanto dolor acumulado, cómo te explico lo que pasó en el medio...

Tienes los ojos llorosos; estás llorando. Sufres incomprensión, soledad, falta de motivos, frustración, abandono... Me miras y te aferras a mí como a la esperanza...

“Cuando crezca -piensas-, no voy a depender de nadie y sólo me voy a obedecer a mí”. En eso no te equivocaste. Soy libre. Libre para llorar; libre para decepcionar; libre para enojarme y desconsolarme... Tengo que decirte que no es tan bueno ser libre. Los seres queridos que hoy te acompañan y están a tu lado, no están aquí. Y, cómo los extraño, Dios mío... Cómo te extraño a ti y a tus sueños, a ellos y a mí. A esos sueños que alguna vez se cruzaron con los míos... Tu mundo era especial; mi mundo era especial. Pero, así es la vida,. Pasarán todos. Pasaste tú. Pasé yo.

Estoy pasando ahora; otra como yo, de más edad, nos mira espectante.

Me escribe una carta, me dice que aproveche el momento y las fuerzas. La garra que aún me queda, la esperanza aún no del todo marchita... Que florezca la vida. Que crezca el amor... ¡Carpe Diem!

Pero yo sé lo difícil que es...

Ella no entiende...

Me dice que sí comprende... Que sí lo siente... Que remonte la ilusión como un cometa al viento, libre y serena, eterna, mística, pacífica, perfecta...

Ella me escribe desconsolada desde sus años sabios; ella no sabe lo que yo siento ahora...

Dice que sí, que sí sabe... Que no me atasque en tontas telarañas de amargura, que el sol brilla, brilla eterno, magnífico... Que olvide el dolor. Que deje a un lado las decepciones y los fracasos; que llegue a Dios como un niño... Pero ya no tengo alma de niña, los años me la han perdido, revolcado con los miedos y los horrores de mi Siglo...

Yo lo dudo; no podría hablar así como lo hace ella...

No estoy aquí... Estoy contigo. Contigo mi vida.
No te enfrasques en los lamentos; no te enredes entre todo lo que quieres y todo lo que no tienes... Me tienes a mí más adelante. Me tienes a mí aguardándote y mirándote...

Desde aquí. De la experiencia a tu inocencia.

No te decaigas. Levántate, enjuga tus lágrimas, juega y ríe, que sólo se es niña una vez... Házme caso. No te quedes llorando. Sigue tu estrella, que es la mía... Si te tropiezas estaré aquí mirándote, como un Angel de la Guarda...

No desmayes corazón... No desmayes...

Te levantaré si es preciso. Pero tú tienes fuerzas y ganas, a pesar del dolor, a pesar del miedo... Corre, corre, vuela...

Alcánzame y dame de tu elixir. Estoy esperándote para que me enseñes a soñar... (Yo ya lo olvidé). Estoy aquí esperando de ti lo que una vez tu esperaste de mí...


EPÍSTOLA POST MORTEM

I


Destinatario no corresponde al domicilio

No te escribí antes porque si bien cumpliste nuestro pacto, y me avisaste ‘que llegaste’, se te olvidó dejarme tu dirección. Está bien. No tiene importancia.

Yo sé que estás y estás bien. Eso es cierto.

Sin embargo, se me quedaron algunas cosas en el tintero, y quisiera decírtelas...

Tengo algunas dudas.

Si bien fueron largas y tensas esas noches de insomnio en que yo iba al baño porque sabía que estabas despierto y yo despierta, y te hacía un té y conversábamos y fumábamos...

Noches tensas de espera de la muerte; del desenlace fatal, de la partida para siempre, del viaje sin regreso...

Cuerpo enfermo, vida desahuciada sin esperanza sobre la tierra.

Esas noches conversamos mucho, quizá, más sinceramente que nunca...

Y me escuchaste, como nunca me escuchaste quizá...

Y no creías y tenías miedo. Y yo te juré sobre mí misma, sabiendo que jugaba con fuego y que si jugaba mal yo me quemaba, ‘que había más allá’, que no acababa aquí esta historia...

E hicimos un pacto.

Y me avisaste.

Entraste a mi cuarto y me confirmaste mis juramentos. Estabas en el más allá mientras tu cuerpo yacía en la cama al lado...

Tu mirada era tan triste como la de mi abuela -tu madre-, cuando se despidió de mí y ella sabía que era para siempre...

Me quitaste la almohada y la tiraste. Ella amaneció en el suelo, en el centro de la pieza.

Gracias por avisarme ‘que llegaste’...

Pero, sabes, a veces, algunas tardes, siento que sólo tú comprenderías una situación, un comentario mío... Y me haces falta.

También para preguntarte cosas y sacarme dudas.

Me haces falta, aunque sé que tu tiempo acá se acabó y ya cumpliste.

Sé que nadie se ríe como te reirías tú de ciertas cosas... No es fácil compartir humor con gente que no es de tu sangre... Es un chasco intentarlo. Decepciona y tira para atrás. Pero así es la vida. Ya te fuiste porque tenías que irte. Y yo rogué todas las noches para que te llevaran y no sufrieras más. Porque te hablaba de fortaleza y de fe, cuando por dentro era yo la que se quebraba.

Te hablaba y convencía, sabiendo que arriesgaba mi alma. Porque yo también tenía dudas...

Pero, que me perdonen aquéllos que rigen las almas y comprenden los destinos. En mi ignorancia quise darte valor y darte fe...
No sé si hice bien o mal... Sólo sé que lo sentí como deber, y quizás para éso, sólo para éso, para intentar salvarte cuando ya te ibas, es que vine a este mundo...

Yo... Quisiera preguntarte, si todo lo que dije te sirvió, te ayudó, te guió, te salvó, o si tan sólo matamos el tiempo fumando cigarros y tomando té, esperando que llegara la muerte...

Disculpa, si fue así... Yo lo intenté, y me jugué la vida para creerlo y para que lo creyeras...

Perdóname si me equivoqué...

La ignorancia, tal vez, no es la mejor compañera, y era la primera vez que enfrentaba algo así...

Nunca quise engañarte.

Sólo quise creer y que creyeras...

(Perdóname).


EPÍSTOLA POST MORTEM II

Proceso Fenecido

Hiciste bien en irte. Ahora te comprendo. Lo que podía darte no vale nada. Una casa que me robó alimento para pagarla.

Estoy más desahogada. Ya no me falta. Cómo me gustaría que estuvieras acá cuando elijo las cosas que sólo mirábamos... Pero, ¿sabes? Ahora que puedo tenerlas, no saben igual. Sigo comprando todo de a dos, por la costumbre...

Hiciste bien en marcharte. Nada de eso te servía. Lo sé ahora. Eran objetos que pasaban por tus manos y desaparecían en algún cajón para olvidarlos...

Hiciste bien en marcharte...

Yo no soy feliz. No era esto lo que quería.

Quizá, tendría mejores recuerdos si hubiésemos vivido el momento de forma más alegre y despreocupada.

No habría estado estresada y preocupada de que mis esfuerzos demoraban... Habríamos reído más, y quizá lloraría menos mirando los recuerdos...

Pero es así. Hoy tengo en mis manos lo que quise darte. Comprendo que no quisieras verlo y que te marcharas antes.

Sin ti, yo ya no lo quiero...

Me pesa... Me entristece.

Debí saber que nada de esto necesitabas. No lo vi. Solo vi mi objetivo enmarcado en mi ceguera, y creí que era lo cierto, lo veraz, lo supremo...

Lo siento.

Te comprendo por marcharte.

‘No te vayas’ -te rogué-. Me aferré a ti obligándote a quedarte. Pero tu alma, más sutil y frágil que el viento, se escapó y no quiso siquiera darme su dirección.

Ni siquiera dijo en sueños ‘Aquí estoy yo’, ‘Sólo estoy bien’, ‘No me reproches, estoy feliz’...

Tan sólo el silencio y la ignorancia de tu paradero. Ni un rastro, ni una pista, como si me odiaras y quisieras esconderte de mí.

Sólo ahora comprendo que huyeras. Yo te perdono. Porque la condena es para mí.

Tú sigue libre tu viaje, y no te molestes en mirar atrás. No. No lo hagas. Sólo verías dolor y miseria.

Y tú ya viste mucho de eso en tu vida.

Sigue tu viaje y vuela alto... Que nunca ojos terrenos te vean. ¡Huye! ¡Escóndete! No te aparezcas!...

¡Quédate allá! No eches mirada lastimera por sobre el hombro. Lo que aquí queda no vale la pena. Sigue tu viaje...



RÚRIK

20 de agosto de 2000 – 23 de agosto de 2005

ELEGÍA l

Nadie comprenderá jamás
este dolor que se aloja
en los ojos, la mente,
el corazón, el pecho,
el vientre y el alma…

Nadie entenderá el evitar
hablar del tema y de las imágenes
sin cesar dentro de mí.
Son fantasmas reales que se proyectan
a todo mi interior,
causando espasmos de llanto,
oleadas de pena enorme, de no aceptación,
de no comprensión.

Nadie puede saber que estás
en cada cosa que hago,
que apareces en mi día
y renaces en mi noche.

Nadie, nadie, nada
te reemplazará;
sólo eras tú,
con esas virtudes que yo
nunca tuve…

Eras tú con ese amor inmenso,
incondicional, con ese perdón
tácito, con esa falta de rencor
inherente a ti; con tu alegría
constante, y tu entusiasmo
por todo; tu agradecimiento,
tu humildad, tu bondad,
tu contento.

¿Adónde fue tu energía?
¿Adónde fue tu pasión por jugar
y compartir, por reir,
disfrutar y vivir…?

¿Qué se hizo de tu amor,
cariño, entrega y aceptación
de todos, hacia todos, por todos…?

No sé de qué están hechas
las cosas, cómo se hacen
ni por qué se hacen…

Sólo sé que eras vida
que vi nacer
y vida que vi morir…

Luz que llego al mundo
para engrandecer y llenar mi alma,
mi diario vivir, mi existencia gris.
Luz que se apagó ante mis ojos;
esa última mirada trágica, final,
que nos dimos, comprendiendo todo,
aceptando lo inaceptable,
tragándonos el dolor
y la frustración de no poder
hacer nada…

Fue tu adiós al mundo;
a mí, a tu madre;
última mirada de “hasta acá llegué”…
Distancia que no puedo salvar
ni perdonar ni aceptar.
Oscuridad y llanto que llegó a mi vida
para quedarse…
Oscuridad que lo embarga todo,
lo llena todo, lo mueve todo…
Está dentro de mí,
en mis actos, en mis manos,
en mis ojos… Está en mi entorno,
en los motivos, en las ganas, en los deseos…
Está en el mundo y en la vida…

Está…, y se va a quedar en lugar de ti…

Sólo quiero llorarte y recordar
tu hermosura… Belleza de ser,
belleza de pureza e inocencia…

Hay un silencio tan pesado,
que vuelve fútiles los movimientos y los actos.

Nos quedamos quietas mucho rato
con la mirada perdida y
la mente fija en los recuerdos…

Tratamos de dormir mucho,
tan sólo, para no llorar…

¡Cuánto extraño tu ternura…!
Me he acordado con tanto amor
de ti, todo el día, sin parar,
extrañándote y echándote de menos
en cada cosa…

Deseo tanto un milagro y que vuelvas…
Que regreses un día a mi puerta…
O que yo despierte y estés ahí,
que todo haya sido un horrible sueño…

Te siento tan próxima,
tan cercana a mí, tan dentro mío,
que creo, siento, que en cualquier
momento te voy a ver frente a mí,
con tu carita angelical y alegre…

Te tengo tan presente
en mi mente, en mi corazón,
y todavía en mis actos,
en mis gestos, en mis planes
(que te contemplan),
que espero encontrarte,
toparme contigo en cualquier lugar…

Pero no estas, no te apareces…

Hay una ausencia total de ti
que no me la explico…,
porque eso ocurre externamente;
internamente, te veo siempre;
estás donde te veo…

Amor mío:
nada puedo hacer por ti.
Te dejaré ahí tirada
(no porque no te ame),
sino porque no puedo
cargar mi dolor…

Te llevará el camión recolector
(ese que te excitaba y enloquecía, pese a mis retos).
Hará desaparecer tus restos;
ocultará de mí tus desechos;
serás carne de gusano,
comida y alojamiento
de bacterias…
Serás humus, serás gas
que se confundirá
con la atmósfera…

Serás… No se bien…

Pero estarás aquí siempre.
Nunca te irás a otra parte.
Estás en mi alma y en mi vida.
En mis recuerdos, en mis reacciones,
en mis momentos y en mis lamentos.

Porque, si has llegado a algún lugar,
algún estadio que no alcanzo,
acaricio tu ausencia
y beso tu recuerdo
con la esperanza
y la intención
de que mi amor
te llegue al más allá,
adonde te encuentres;
para que te sientas amparada
y protegida por mi cariño.

“Ser que ya no es”, yo, de morir
y existir un cielo,
quisiera ir adonde estás tú,
lejos de la violencia,
incomprensión e ignorancia humanas;
lejos del sonido de tus huesitos
quebrándose bajo las ruedas
y de mi culpa condenatoria…;
para correr y jugar y disfrutar
por prados inmensos, hermosos y sin peligros,
para gozar de tu amor,
de tu alegría,
de tu energía
y de tu viveza…

Yo te sigo amando
a la distancia,
para siempre…

No nos olvides;
que no te olvidaremos jamás…

Tu dueña


CARTA ABIERTA O DESPEDIDA ETERNA

Estás muriendo.
Lo sabes y lo sé;
ambas lo sabemos,
y hay un hondo y sentido
dolor en nuestras miradas
cuando se cruzan.
Estás muriendo
y no hay nada
que pueda hacer para impedirlo.
Tampoco puedo hacer nada
para evitarte el dolor
y las molestias.
Lo único es La Muerte…
Pero esa no es salida.
Es sólo el fin,
y saber que dejarás de existir,
de ser,
de estar,
de ser mía;
de esperarme
y de recibirme
como si yo fuera
el evento más importante
de la vida (de tu pequeña vida...),
cada vez que nos separamos
y nos encontramos cada día…
Sé lo que me espera;
sé lo que será mi vida
sin ti.
Intento no pensar,
no proyectar el futuro inmediato
y esquivar el hecho inevitable,
irremediable…
No estarás más,
y eso será terrible…
Eres lo primero y lo último que ven mis ojos.
Voy a extrañarte tremendamente;
pues, eres comprensiva,
dulce,
amable,
atenta,
estable…,
como nadie más lo es.
Y tienes esa mirada de almendras,
transparente y sencilla,
exenta de envidia,
vacía de pasión o de maldad;
esa pureza verdaderamente
íntima y esencial,
-tuya sola-,
como nadie más la tiene.
Pretendo animarte y complacerte
sin lograrlo;
pero insisto…
Procuro darte
lo mejor de mí,
de mis existencias,
de mi persona.
Procurarte el máximo
de comodidad y bienestar…
Nada sirve.
Estás viviendo una vida a medias;
estás muriendo una muerte a medias;
te estás yendo de a poco y segura;
estás sufriendo un deterioro paulatino,
palmario y pasmosamente cierto…
Te estás extinguiendo
y siento cómo esa luz
en el fondo de mi alma
-que eres tú-,
se está empequeñeciendo,
empobreciendo y apagando…
Nada puedo hacer
para evitarlo…
13 años has vivido conmigo
y has estado por todo este tiempo
en mis pensamientos,
en mis sentimientos,
en mi sentido de ser…
Has sido mi amiga leal,
mi compañera fiel,
mi confidente,
mi razón de existir
-cuando ya no tenía nada-,
mi paz,
mi redención,
mi amor,
mi ternura
y mi alegría.
Me lo has dado todo:
ternura,
valentía,
protección,
cariño.
Me has amado como soy:
con mi lado bueno
y mi carácter odioso;
con mi amor
y con mi entrega;
con mi malhumor
y con mi violencia.
Me has querido
sin importar
lo que piensen
o sientan
los demás por mí.
Y yo te he amado
por bella,
por alegre,
por buena,
por inteligente,
por sabia,
por valiente,
por brava,
por tierna,
por dulce,
y por inmensa…
Y esta inmensa
pena que me embarga
-que nos embarga-,
no tiene cabida
en este gris mundo hostil.
También he querido y me han divertido
tu egoísmo y tus celos ingenuos…
Sólo sé que si me dan a elegir,
y continúa algo de nosotros
después de morir,
yo elijo de nuevo estar contigo,
y con nadie más,
si es que tengo que renunciar al resto...
No sé cómo devolverte
tanto amor,
tanto coraje
tanta aventura
y tanta ternura.
Sólo sé que te debo mucho
y por mucho
que haga por ti,
nada
será suficiente.
Yo te amo
como a nadie
y te debo la vida
por cada vez que me has devuelto la sonrisa,
que has comprendido mis tristezas
y que me has acompañado, como nadie supo hacerlo,
cuando he perdido seres y vidas
que ya nunca volveremos a ver…
No sé si nada
es para siempre
-como dicen-,
pero sí te aseguro
que mi amor
por ti
será eterno
en mi recuerdo.
Adiós mi perra querida.
Fue un placer cuidarte,
quererte,
amarte,
alimentarte,
jugar contigo y pasearte.
No me olvides;
yo no te olvidaré jamás...


ESTATUAS DE SAL


Caro mio:
Aunque sé que eres “el hombre” para mí, y sé, positivamente, que soy “tu mujer”, esto no tiene sentido.

Nos conocimos en un mal lugar, en un mal momento. Fue un mal comienzo, un desesperanzado intermedio y un catastrófico final.

Es probable que, de habernos encontrado en el momento preciso, cuando era el tiempo ideal y oportuno, no nos hubiéramos reconocido…

La vida nos lleva casi siempre por caminos que no elegimos. Nos atraen cosas y metas de las que luego huimos, nos arrepentimos. Nos dejamos llevar por engañosas apariencias a horizontes que no son los nuestros. Pero, ya estamos ahí; y ahí pertenecemos… Y aunque nunca olvidamos por completo a nuestras estrellas que perseguimos con ilusión y entusiasmo, sabemos y entendemos que ya están perdidas y cada vez más lejanas para nosotros. Inalcanzables.

Caro mio: yo no escogí enamorarme; y tú tampoco lo decidiste. Sin embargo, vivimos mirando la luz de una estrella que ya murió hace tiempo, pero que sigue iluminándonos… Actualmente nuestro amor es un astro extinguido, ¿una enana blanca, quizás? No conozco la nomenclatura…

Es mejor apagar para siempre la ilusión. Seguir resignados los caminos que el mundo nos abrió (y ellos van en direcciones opuestas). Mucho me hubiera complacido acompañarte a recorrer el tuyo; también, que tú me acompañaras en el mío…

(Hubiese sido la dicha suprema para mí; porque sentiría que tengo en mis manos todas las estrellas de mis sueños).

Sé que pudiste ser muy feliz conmigo y que yo hubiera estado dichosa, radiante, por siempre enamorada, de tenerte para mí.
No es así.

Sólo hay que ahogar rápido la esperanza, para que no eche retoños y no se imagine que florecerá algún día…

Ya ves, el destino nos preparó otra cosa. La distancia, la separación y la incomunicación son las variantes; no hay más vueltas ni alternativas.

Mata para siempre tu ilusión. Afiánzate a tus cosas y aprende a quererlas. Quizás tienen algún valor cierto y no lo has visto aún…

Aquí. Aquí, en este almendral, en este paisaje de sauces y río, escucho la vida cantar; no es un canto alegre, más bien es una marcha fúnebre. Pero este es mi sino, esta mi vida. Aquí llegué y aquí estoy. Seguiré adelante y sin mirar atrás, para no hacerme daño.

Intentaré (no amar), pero, al menos, estimar, a algún completo extraño.

Alguna gente dice que es fácil. Que hay que cerrar los ojos y fingir no pensar. Olvidar tus deseos más íntimos y anhelados y dejarte llevar… Para mí no lo es; ni fácil ni simple. Nunca lo fue. Pero, así es la vida de los que no supieron edificar su futuro con arte y solidez y formaron sólo una estructura precaria y endeble. La firmeza está en el corazón. Pero esa no cuenta. Las cosas son más simples. Se trata de avanzar, sólo de avanzar, por un camino que no elegiste y nunca quisiste.

Olvidémonos mutuamente: yo no quiero soñar más…

Este amor no tiene alas, ni esperanza de volar.

No lleva agua en su caudal, es un triste rosal sin rosas, un ave que no canta, un sol que no ilumina.

Sé que va a ser tan fatal como matarse. Pero, a veces, la mejor solución es la muerte (el único remedio que existe es la muerte…).

Caro mio: adiós. Vive como mejor puedas e intenta soñar con cosas más concretas y reales, como lo que ya construiste.

Un beso.

No mires hacia atrás; puedes convertirte en estatua de sal.

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