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miércoles, 10 de noviembre de 2010

TEMA DE ANTOLOGÍA - A DEFINIR




JOSÉ JOEL RÍOS

PLATEA DEL SISMO


Nunca podré olvidarte tal vez. -creo-

Y no es desconcierto que en naturaleza

de argumentos unas lágrimas ahí asomen

por el iris melancólico de este día.

Y con disimulo caigan en estos versos;

refrescando lo árido de mis memorias.


Nadie puede culpar que sienta,

ni suprimir ese instante por completo;

más despierta en mí toda esa voluntad

de indiferencia ante un hecho que acosa

cierta parte obvia del recuerdo.
-Tocante a esa inapelable historia-


Y si alguien con apático énfasisme dice:

La tristeza es esa imperfección

del alma que no deja ser feliz completamente.
El día que mi mente se quede en blanco

y el sístole de mis vivencias se detenga.

Entonces diré: "Alcancé la perfección."
Nadie puede culpar que sientas.


Cincinnati, Ohio.

TEMA DE ANTOLOGIA - POEMAS DE AMOR

JAIME LEÓN CUADRA

MI VERDAD


Hoy te diré lo que nunca dije:
es verdad, en mis alamedas
nunca llegaste a ser amor
mas un día; sí, te quise.

Soy libertad del viento
y llevo el alma triste
rojizo el pelo en mi chasquilla
el ocaso llora en roja arcilla.

Hoy te diré, lo que nunca dije:
nunca llegaste a ser amor
pero un día; sí, te quise.

Soy bandido y transeúnte
de senderos y de olvidos
el amor es un romance
que me apuntó con tu nido;
llevo mi alma en consonantes
de vocablos y de olivos.

Hoy te diré, lo que nunca dije;
sin darme cuenta:
un día yo también te quise.

Pero hay luna en mis noches
y sabe alumbrar mis hastíos
aunque se que no he perdido
llevo desde siempre
por haberte conocido
el alma triste.

Hoy sin darme cuenta
yo te he dicho
lo que nunca antes dije
Un día mi amor
yo también te quise.

jueves, 28 de octubre de 2010

TEMA DE ANTOLOGÍA - POEMAS DE AMOR

MONSIEUR JAMES

DE NIÑA A MUJER



Embelesado por tus ojos
por tu pelo, por tu piel
quise besar tu boca
miel de niña y de mujer.

Y en ese beso imaginado
Mi sueño te acariciaba
Y sin saber vos me entregabas
Niña aroma de mujer.

Ven
abrázame fuerte
quiero sentir el torrente
que palpita ya en tu ser
ayer pasos de niña
hoy caderas de mujer.


Con tu abrazo me dibujas
los contornos de tu piel
y yo siento en mis delirios
la angustia propia de mi sed.

No me prives la bebida
no me prives de beber
no me prives de tu cuerpo
en tus ansias de mujer.

Déjame perderme en tu beso
deja escapar mi vergel
en el grandioso embeleso
de tu cuerpo de mujer.

sábado, 16 de octubre de 2010

TEMA DE ANTOLOGÍA - CUENTOS DE BRASERO

DALIT R. ESCORCIA MARCHENA

LAS MALDICIONES CREADAS

(La Oración del Tabaco)


Le temblaron los labios. Escuchó, en el otro cuarto, la voz de la hermana recriminándola. Sintió que una bocanada de humo se le atragantaba en la garganta. Y mirando la punta incandescente del tabaco, le sentenció a María Iluminada: _ “En esta parte de la candela, observo que los tiempos malos aún no cesan para tu familia… pero auguro tiempos mejores por este lado…” Volvió a llevarse el tabaco a los labios y exclamó: “¡Observa! ¡Observa! ¡Lo ves, está clarito de este otro lado! Tu soltería pronto llegará a su fin…” Y de pronto, se escuchó nuevamente la voz de la hermana que le decía: _ “Engracia… no juegues con fuego…recuerda la historia de la bisabuela Encarna y la abuela Dioclesiana. No te pongas a provocar a lo que no conoces… Siempre me han dicho que en el hogar donde se realizan conjuros, viven salaos, la gente nunca sale de la pobreza… y siempre se está al borde de las desgracias…” Engracia levantó los hombros e hizo un mohíno con la boca y, con un gesto de fastidio, apagó el tabaco; lo guardó en un pequeño cofre que tenía sobre un nochero.
María Iluminada miraba a Engracia con profunda intranquilidad. Aún no entendía, lo que a través de las pavesas del tabaco había escudriñado su prima, quién desde muy niña le encantaba hacer de pitonisa. Se sintió acorralada, golpeada por el infortunio. Y salió preocupada con la intensión de ir a su casa y contarle a la tía Cleotilde.
Cuando yo me enteré del juego de María Iluminada y mi prima Engracia, la piel se me erizó. Me acordé, enseguida, de las abuelas Encarna y Dioclesiana, de sus rostros apesadumbrados, ojos tristes y lo lúgubre de sus casas. Cada ruido y sino que ellas detectaban, día tras día, los interpretaban como desgracias, programadas por sus supuestas enemigas para que ellas nunca salieran de la pobreza. Sentí que todos los Armestos habíamos caído en un círculo vicioso. No existía dinero, que se trabajara, que no se fuera, como sal y agua, pagando a los hechiceros, hechiceras, yerbateros y yerbateras para curarse de supuestos maleficios padecidos o previstos hacia el futuro.
Corrí a la casa. Y en ella encontré a todas mis tías y primas reunidas alrededor de la cama de mi madre que había sufrido un desmayo. Algo gris cruzó por mi pensamiento… y pude presentir como mi madre había sido envenenada por los brebajes y menjurjes, dados como remedio, por mis tías y primas. Gracias a Dios, que sólo fue una visión pasajera… Me levante sobresaltado de la cama. El maldito despertador no había timbrado, o a mí se me olvidó programarlo. Sentí que el mundo se me venía encima, porque tenía una cita de trabajo programada para las 8:00 a.m. y ya eran las 8:10 y aún me encontraba envuelto entre las sábanas. ¿Qué más desgracia?... que quedarse profundamente dormido por estar soñando tonterías sacadas de las historias de las abuelas. Pensé, entonces: “Me espera un tiempo largo de vagancia, sino logro que me den ese empleo”. Se irguió rápidamente y se dirigió, con la toalla en la mano, al pequeño espacio que hacía las veces de baño. A medio paso de entrar a la ducha, se acordó del amuleto dejado bajo la almohada y la oración de San Judas Tadeo que le había recomendado su mamá. Volvió sus pasos, pero ya era demasiado tarde, el reloj de su despertador marcaba las 8:15 a.m. y Engracia le gritaba a su hermana:
_ ¡Recoge agua porque parece que se está yendo, tú sabes cómo son estas vainas en Barranquilla! _. Las voces le resonaron en su cabeza y se fueron perdiendo en el fondo de la casa.

Autor: Dalit Rafael Escorcia Marchena.

sábado, 2 de octubre de 2010

TEMA DE ANTOLOGÍA - POEMAS DE AMOR

HUMBERTO IVÁN ANTULIO ESCOBAR SAYES

MAGIA PASIONAL


Tus señales de pasión no son simples ideas,
Siento una gran emoción que me motiva a seguirte observando,
(porque eres más hermosa cada día, y te sigo deseando).

Te presentas ante mí, sin excusas,
sin telas que cubran tu naturaleza,
así eres tú, hermosa, bella, deseada.

Privilegiado me siento yo,
por poder poseer tu más preciado tesoro,
(y entre caricias, poder besar cada centímetro de tu piel).

Y nos escondemos debajo de las sábanas,
desvistiéndonos, con furia,
tratando de acabar con todos los trapos que nos cubren.

Acariciamos nuestros cuerpos desnudos,
calientes, motivados por conocernos mutuamente,
provocando cosquillas y roces en la piel,
que activan nuestros sentidos pasionales,
buscando ser amantes y amados a la vez.

Los apasionados románticos somos,
y entre tanto calor, también se generan candentes resultados,
enamorados, y tiernos sonidos se escuchan,
que me emocionan más, al pensarte.

Cupido me ha flechado,
Venus, se ha manifestado;
El amor, y la pasión se unen,
armoniosamente, creando una melodía de amor.

Susurras que me adoras,
te respondo al oído: "Yo también";
El amor se visualiza en hechos inolvidables,
y nos amamos...

Nuestros cuerpos ahora son solo uno,
y luego de tanto movimiento pasional,
nos abrazamos desnudos,
generando ilusiones hermosas...

Despertamos abrazados, y muy sudados,
veo tus tiernos ojos,
besas mi pecho, y me dices que "me amas"...
Te doy un beso de amor,
y te respondo: "Yo también"
(Y mañana pensaré todo el día en ti)...

Autor: Humberto Iván A. Escobar Sayes

miércoles, 29 de septiembre de 2010

TEMA DE ANTOLOGÍA - POEMAS DE AMOR

JAIME LEÓN CUADRA (MONSIEUR JAMES)

CUANDO ME HABITA EL DESEO


Cuando me habita el deseo
Y la soledad se recoge profunda
Vuelve a mí el dolor que alumbra
Las quimeras del pasado.

Entonces en estoica desazón
Pesadumbre y congoja
No existe aún quien acoja
Las penas del cuerpo herido.

Comienza el oscuro desvarío
A quebrantar el presente incierto
Pero se alza un verso en el remanso
Que aunque duele te recuerda.

Me quito del cuello la cuerda
En un intento sobrehumano
Y con mi propia rabia y mis manos
Acabo con el deseo mientras escribo.

jueves, 9 de septiembre de 2010

TEMA DE ANTOLOGÍA - CUENTOS DE BRASERO

PATRICIA HELENA VÉLEZ R.

EMBRUJO

El muchacho le pidió una foto con el argumento de que lucía como una muñeca y deseaba con intensidad tener una imagen suya. Eran conocidos, más no estrechos amigos; unos meses atrás los presentaron en casa de una prima, se habían visto cuatro veces y por primera vez hablaban a solas. A Flor le pareció un poco extraño que se atreviera a hacerle tal petición, así que caviló sobre ello entre tanto conversaban, e incluso pensó que él olvidaría el asunto, pero no fue así; antes de despedirse, Carlos Manuel reitero su solicitud con gran delicadeza, ante lo que se vio desarmada y le dijo que sí, segura de que ya no se acordaría en la próxima oportunidad que se encontraran.

Caminó de regreso a casa por el sendero montuno, jugueteando con las ramas de los árboles que encontró a su paso, recogiendo piedrecillas que luego lanzó a los charcos dejados por el reciente aguacero y arrancando flores con las que adornó su cabello. Demoró más, se empantanó los zapatos y enmugró las medias, pero necesitaba recrearse con la naturaleza y disfrutar el ensueño de saberse cortejada; hasta el momento no había tenido novio y esa posibilidad, más que halagarla, la puso en alocada sintonía. Al llegar fue al cuarto, directo a sacar de bajo la cama el cofre de hojalata donde guardaba recuerdos, tarjetas y algunas fotografías sueltas, entre las que se hallaban las últimas que se tomó en la mejor fotográfica de la población y que su madre, al verlas tan hermosas, copió e hizo retocar.

Regó la baraja de imágenes como un abanico sobre la cama y se sentó al borde, en el piso, para observarlas una a una y decidir cuál le daría a Carlos Manuel. Al poco tiempo su hermana, con quien compartía la habitación, fue a hacerle compañía y se unió a la tarea de mirar y seleccionar, en cuanto se enteró de los motivos que tenían a Flor en aquella actividad, a la que le siguió, mirarse de cuerpo entero, hacer caras sensuales y agrandar el escote de la blusa, frente al espejo redondo del enorme tocador antiguo de madera oscura, que hacía juego con las camas y decoraba la habitación, donde terminaron ambas realzando la belleza de sus rostros, maquillándose la una a la otra.
María Isabel, quien como su madre, creía ciegamente en las virtudes y maleficios de las pitonisas que abundaban en las veredas, en medio de la diversión, le advirtió a su hermana que debía hacer rezar el retrato antes de dárselo a su amigo, para que no fueran a usarlo con el ánimo de hacerle algún hechizo o sembrarle un amarre postizo, por cuanto según el decir de las abuelas: -Las brujas no existen, pero que las hay, las hay-. La animó entonces a que fueran donde una vieja que ella conocía para que le hiciese un amuleto; era mejor prevenir que lamentar, así que suspendieron el salón de belleza en que andaban y volviendo al asunto de la escogencia, decidieron darle una reciente, de las que mamá se enamoró, en la cual Flor aparecía de medio torso, con el pelo suelto, sus ojos verdes deslumbrantes mirando al infinito y mostrando un leve perfil que destacaba sus delicadas y atractivas facciones.

Al día siguiente María Isabel contactó con la hechicera y en la tarde, al salir de la escuela las dos hermanas emprendieron el camino hasta donde la señora, quien al cabo de un rato, ya estaba mirando el retrato, haciendo sahumerios, ritos y rezos y arreglando pócimas y polvorines, que metió en un cojincillo de tela roja y selló con aguja y dedal en mano, antes de advertirle a Flor que debía cargarlo siempre consigo, pues si bien la imagen ya estaba protegida, los arreglos le mantendrían el aura cerrada para todo maleficio y toda cosa o persona negativa que fuese contrae ella o pretendiese hacerle algún trabajo a fin de perjudicarla o manipularla. Flor guardó la foto en la billetera y colgó el contra con un gancho en las juntas del corpiño. La rezandera agregó, que si llegaban a intentar algo a través de la estampa, ella lo sabría porque le tomaría un odio profundo a quien tuviese la osadía.

Dos semanas más tarde, Carlos Manuel fue a buscarla a la salida de la escuela para invitarla a comer un helado y después de la larga charla que tuvieron en la heladería; por la carretera de caminada hacia la casa, le preguntó si ya le tenía la foto. Flor se lo gozó dándole caramelo y haciéndole creer que sería en otra ocasión, pero cuando estaban por llegar, hizo que cerrara los ojos mientras buscaba en el bolso, escondió sus manos tras la espalda y pidió escogiera una; si daba con la que era, el papel fotográfico sería suyo. Rieron unos minutos con la charada, durante los cuales Flor trampeaba cada vez el anhelado premio, hasta que por fin se lo entregó. La felicidad del enamorado, quien se dejó ir y le estampó un beso en la mejilla, se reflejó en su rostro, sus ojos se agrandaron, la sonrisa nacarada resaltó esplendorosa y en todo su cuerpo se balacearon las emociones con la ingenua expresividad de un niño.

Los muchachos siguieron viéndose por un tiempo, y Carlos Manuel reprodujo el retrato en una hermosa pintura que le regaló más adelante a Flor, sin atreverse a manifestarle sus deseos de que fueran algo más que amigos; no había afán y deseaba que antes lo amara; pero mientras tanto le resultó otro pretendiente a ella, más maduro y con quien estableció una relación formal, aprobada por sus padres, ya que era un buen partido para casarse y aunque era muy niña, en el pueblo no era raro que las jovencitas de diez y seis o diez y siete años, se casaran con hombres de veinticinco o treinta. Por lo tanto dejó de verse con el chico, a quien siempre vio como un amigo, en especial porque era casi de su misma edad y lo que tenía en mente era ennoviarse con posibilidades de arreglar una boda. El joven entró en un estado de desesperación tal, que su abuela lo notó y se propuso averiguar qué sucedía a su consentido. Una vez lo supo, como su mejor amiga y consejera, lo llevó donde una vieja comadre que sabía de brebajes y conjuros de amor, contando con la foto que tenía, con el fin de centrar la atención de los sentimientos de Flor en su acongojado nieto.

A las pocas semanas, Carlos comenzó a notar que le pasaban acontecimientos sorpresivos muy raros y negativos. Se le perdían cosas de modo extraño, las chicas se burlaban de él en público, Flor no lo saludaba y una racha de mala suerte lo acompañaba a todas partes donde llegaba o por doquier iba, al punto en que ya inquieto y asustado le comentó los hechos a la abuela, quien lo acompañó de nuevo donde la conjuradora, quien les informó al enterarse de lo ocurrido, que la imagen estaba rezada y además la chiquilla tenía un contra. La única solución era hacerle un exorcismo a las atribulaciones generadas. Además de lo que ella haría, Carlos debía encender una veladora permanente en casa, lavar la fotografía con agua fresca, secarla al sol, quemarla en un campo abierto y echar al viento las cenizas, de manera que éste se las llevara a sus espaldas, lo cual no evitaría que la muchacha, quien ya estaba enterada de que trató de amarrarla por la fuerza manipuladora de un embrujo amoroso, lo odiara de muerte para siempre.

martes, 7 de septiembre de 2010

TEMA DE ANTOLOGÍA - A DEFINIR

VÍCTOR ROCCO

ILUSIÓN


Que el rocío de la mañana no te encuentre
Con la piel arropada,
Ni tu voz este ausente de mis tardes tristes,
Provocaré en tus ojos un eclipse
En el minuto que seamos
Versos libres para poetas.

Pide a Dios que mis manos no te falten
Y que sea mi torso un cometa
Que desabroche en tu espalda,
¡Mi niña de sueños alados!
Acalla con tu abrazo las lagrimas
Que destila el ocaso,
La tarde está naciendo
Y mis dedos quieren ser espigas
En tus manos libres,
Que mi pan sean tus labios
En la mesa y mi boca mantequilla
Tibia que corra por tu cuello.

No dejaremos migajas
Que desvirgue al mantel,
Seremos precavidos en lo puntual,
Impuro no será tu sostén
Descansando en la silla
Ni grotescas las palabras
Que giren en el piso,
Haremos vida de la vida,
Como espuma alba gimiendo en el mar,
Carrusel en sueños de seda
Que una mañana nos despertó
Con la piel anclada En un beso tuyo…


Osorno –Chile

sábado, 28 de agosto de 2010

TEMA DE ANTOLOGÍA - A DEFINIR



JOSÉ JOEL RÍOS

COMPOSICIÓN ETÉREA
(o mortandad de perros)

La nostalgia es para mí,
un hilo que se rompe
en el extremo más fuerte.

Es como una ola:
La cresta curvilínea, su ondulada petulancia
se levanta, se enrolla... y se estrella.
El consuelo final: Espuma.

Es el concepto de una uva escogida
ovulando cosechas en: Sauvignon, en Chardonnay o Merlot.
Final: El cáliz, el sacerdote y el trago.

Es la herida consagrada,
con la ponzoña del amor y el apego.
Es esa abertura que deja en el alma
en proporción ilimitada por donde se escapan:
La pasión, la ira y la impotencia.

Es el campanario sin péndulo
donde repica una nota exquisita de dolor.
Es el rocío etéreo disfrazado de lágrima
que cae sin festejos, por madrugadas lánguidas y heridas.
-Que cae porque es tiempo de recordar-

Es tiempo de amilanarse al espectro furtivo del amor.
Al índice de la soga y del epitafio,
al extremo del sepelio; la oda de los cuchillos, la navajas
y de las balas.
Es tiempo de romper en mil pedazos el corazón y los poemas,
las fotografías del matrimonio, lo cursi del sollozo.
El epílogo de la historia.
Y consagrarlo en un suicidio.

-Es la sangre de hombría que se coagula por ventrículos de desamor-
*(O es la ineficacia afectiva del perro. - Por eso solo tendrá concubinas?-)*

La nostalgia para mi tiene dos componentes:
la cicuta y la vasija.
Más no se bebe por nostalgia, si no porque la nostalgia nos hace líquido y trizas.
-Y como algunos tenemos instintos caníbales.
" Nos mordemos el alma y nos bebemos el llanto"-

*Benditos los irracionales que no tienen alma,
si no... hubiese un diluvio perémne de nostalgias y una mortandad de perros.*
La nostalgia es para mí:
Un hilo que se rompe en el extremo más fuerte...

Milwaukee, Wisconsin.

lunes, 16 de agosto de 2010

TEMA DE ANTOLOGÍA - CUENTOS DE BRASERO

DALIT R. ESCORCIA MARCHENA

LAS MALDICIONES CREADAS (La Mata de Sabila)

Esa tarde, la mata de sábila cayó, del dintel de la puerta, en el piso; comenzó a destilar un líquido bilioso. La abuela palideció, sus facciones se crisparon preocupantes como si aquello fuera símbolo de una desgracia. ¿Agüeros? Se sobresaltó; sintió esa voz y recordó a la vecina Eulalia, a ella también se le había caído su mata… y lo mismo le pasó a doña Petra la semana anterior. A la primera, el marido se le accidentó en el trabajo, a los dos días del funesto acontecimiento. Y a la otra el negocio comenzó a quebrársele, nadie le compraba ni nadie le pagaba.

“Qué me iría a pasar a mí”, pensaba la abuela, rascándose la cabeza. Toda la noche la invadió una terrible preocupación, las pesadillas se turnaban sin descanso hasta la llegada de la madrugada. Sin embargo, estaba segura: ser viuda y no tener negocio alguno… pero le temía a la muerte. Entonces, decidió ir temprano, sin rodeo, a la casa de un indio que vivía en el barrio San Isidro, rodeado de siete gatos negros y un olor a brebaje emparentado con el sudor en el ambiente de un cuarto.

Al llegar la casa estaba llena de caras largas y compungidas; aquello daba la impresión de ser una de las antesalas del purgatorio. Ella tenía que esperar su turno, pero eso no le preocupó… si lograba averiguar lo sucedido saldría de allí satisfecha, se dijo, con los nervios en su lugar, dispuesta a seguir dando la batalla. Pero la cabeza le daba vueltas. En barajaba nombres como si estos fueran naipes. Intentaba recordar los agravios y males cometidos, sin justificar lo ocurrido por aquellos. El nieto la veía, por ratos, hundirse en sus cavilaciones, mientras él seguía jugando, entre las bancas, con sus bolitas de uñitas.

Al fin… le correspondió su turno. Entró. Al trasponer la puerta chocó su nariz con olores acres a hierbas, brebajes y sudor. Su mirada se posó en la imponencia del indio alumbrada por la luz lacia de tres candelabros y la sombra gigante proyectada en una de las paredes mugrienta y escarchada. Los gatos… esos animales misteriosos, saltaban de un lugar a otro, sin control, pasando de las sillas a la mesa y viceversa, armando un estropicio; esas criaturas no se estaban quietas, siempre intranquilas, husmeando, como celosos guardianes, cada rincón del cuarto.

Afuera se sentía la brisa de marzo azotar las paredes, y adentro seguían las llamas de los candelabros como sin nada ocurriera. De vez en cuando, se filtraba el ruido de la calle, de los autos y la música de las cantinas alusivas al carnaval. Los ruidos iban y venían, se agolpaban en los rincones y hacían más misterioso el lugar. El indio se puso de píe y caminó hacía la abuela, la tomó de las manos y lanzó un grito que acalló todos los ruidos. Los gatos saltaron y se posaron a sus píes, y las velas de los candelabros se avivaron aún más.

El nieto recordaba: “No era la primera vez que la vieja me traía a estas cosas… pero siempre, Yo hallaba algo nuevo y extraño, era un mundo muy misterioso para mí. Yo me entretenía jugando con mis bolitas de uñitas hasta la hora de entrar a la consulta; era mi rutina. Y luego partíamos, yo preguntándole acerca de las cosas que veía y ella regañándome, dándome de vez en cuando mis coscorrones.”

Allí le mostrarían, en un vaso con agua, el rostro de su enemiga o enemigo tal vez riéndose… Al salir, no podía creer lo que sus ojos habían visto; cómo sospechar de esa señora, si era como si fuera su hermana, además era como alma de Dios. Mas el indio se lo había dicho… y no sólo eso… le había mostrado el rostro… entonces por qué no creerlo. Y pensó: “En esta vida no hay que fiarse de nadie”. Y cargada de hierba y brebajes, dispuesta a seguir ciegamente las instrucciones del indio, se enrumbó hacia la casa llevando de la mano al nieto que sorprendido le preguntaba por esto y por aquello… temeroso de la reacción de la abuela.

A los ocho días, la abuela volvió llevando todo lo que el misterioso hombre le había pedido. Para ello, le tocó vender hasta la última prenda que había heredado de la abuela Encarna. Y salió de nuevo cargada de frascos con líquidos ambarinos y hierbas verdes y secas, con una sonrisa maléfica en su rostro… que hasta me causo curiosidad la forma como, cada día, la vieja se iba pareciendo a uno de los gatos del indio.

El nieto recordaba: “Llegaba a la casa y se encerraba en un cuarto y comenzaba a saltar de una silla a la mesa, y de ésta a la butaca, se asemejaba a una pantera herida. Nunca me dejó entrar y presenciar su ritual; pero yo me las ingeniaba para observarla por una rendija, que cuidadosamente, descubrí en la puerta. Así pasó un mes. No volvimos más al barrio San Isidro, ni la escuche hablar del brujo, ni de su mata de sábila, mucho menos de los gatos… Ese día, cuando volvió a mencionarme el tema, hasta a mí se me había olvidado que la vecina Eulalia tenía más de un mes de muerta; y todos los vecinos, con mirada acusadora, observaban a la abuela, cuando los dos nos sentábamos de tarde en tarde a esperar que llegara mi madre del trabajo. Ella simplemente me dijo: “-Ese maldito indio nos estafó a todos, ese no fue el rostro que me mostró, pero yo si tenía mis sospechas sobre esa vieja cancleca”. Y soltó una terrible y estruendosa carcajada de satisfacción. Así quería justificar su maquiavélica equivocación. Pobre abuela. Hoy está recluida en un manicomio”.

El nieto guardó la fotografía de la abuela en el fondo del baúl. La madre entró al cuarto llevando en sus manos una brillante herradura que había comprado en el mercado para colgarla detrás de la puerta de la calle, porque alguien le había dicho que era sinónimo de buena suerte. El miró a la madre con desconfianza y salió rápidamente del cuarto donde la vieja guardaba sus secretos.

Tomado del Tomo I de la Antología de Cuentos “Mi Amigo El Cuento”

lunes, 2 de agosto de 2010

TEMA DE ANTOLOGÍA - EN FAVOR DE LA NATURALEZA




URANIA GUERRERO JZ

PENSAMIENTOS

(Inspirada en la obra de Jorge Murillo Torrico)




árboles que resucitan
confección de sentimientos
en los brazos de tus ramas
el alma se detiene
no es un espejismo
los campos te hablan
costuran delirios
con voces karmáticas
rostros perdidos en tu follaje
duendes recogidos en tus raices
en el velo de tu lienzo
recojo otros perfiles
se contorciona el tronco
con la danza de un cuerpo
alguien te mira desde adentro
otros mundos otras pieles
otras animas habitables
en los nidos de tus hojas
me llaman a amanecer en tu jungla en comunión
de versos silenciosos ataviados de tus otras esencias
de vida y esqueletos ...de un diario con extrañas criaturas
de bosques legendarios con abono de paz y lejania
árbol hombre árbol angel
árbol sueño en tu tierra
profundidad en el enramaje
de los placeres de tus pensamientos
me hundo en este diálogo
buda ermitaño de mis dunas
voy al reencuentro conmigo mismo
me han crecido hojas
ahora pinta mi corazón con otras tintas
otros credos que saltan a la vista
otras dudas que escalan las alturas
mientras el pincel recoge del musgo
otras clases de escritura
me dice que tengo una costra
en el codo de un brazo
que estoy arrodillado rezando
y pensando que he nacido árbol
y te miro y soy yo
con todas las estaciones de mis campos





miércoles, 21 de julio de 2010

TEMA DE ANTOLOGÍA - A DEFINIR


JOSÉ JOEL RIOS

LA FALANGE DEL CREDO (Moi-même, Je t’aime)


Lo que me dice la mente a veces
es algo extraviado y letal de algún modo.
Un instante popular o ajeno, la sonrisa menguante,
adhesión y contactos, besos impropios haciéndose ajenos .

Te idolatro en visiones sin mendigarle al mundo
nada de mi incauto proceder.
Es de cualquier modo una victoria en frases morbo digitales.

Porque el pensamiento vaga inoportuno
por el tacto hipotético
y la cabeza es árida a veces merendando
escuálidos pensamientos sin gozo.
Las hojarascas son vientres ajenos de un arbusto
que nos delata lo azul.

Y los artefactos de mi felicidad
me hacen pensar de pies a cabeza
por subsistir cada derrota y contienda.
-Como dice toda canción que inicia:
"Cuando te recuerdo… me olvido de todo lo demás
y no me puedo ubicar.
-Aunque jure que tengo una memoria aguda."

Milwaukee, Wisconsin.

sábado, 17 de julio de 2010

TEMA DE ANTOLOGÍA - POÉTICA SENSUAL

NANCY B. FUENTES

PROHIBIDOS


Dos cofres celestes prohibidos, me tienen cautiva
el brillo lejano y misterioso, del inescrutable cielo
y de tus ojos su mirar, cálido, sereno, y límpido.

Extiendo instintiva mis manos, procurando abrirlos
del cielo, una nube coqueta, me guiña con sigilo
y en tú cara las lágrimas me gritan…¡prohibido!

Cofres invaluables, añorando guarden de mi camino
Incontables dichas, dolores, amores y…desatinos
aunque, para mi existir, ambos están,…¡prohibidos!

La bóveda del cielo lejana, con su incandescente brillo
y tus añorados ojos, tan bellos, ¡pero tan prohibidos!



TENUES GASAS


He dejado de lado mi vergüenza y pudor
decidiendo caminar al borde del agua
cubriendo mi desnudo cuerpo, solamente
con una larga túnica,... de tenues gasas.

Celosos, el viento y las olas hacen fiesta
atrapando mi cuerpo en redes de algas
y el ardor unos ojos,... han quemado
mi cuerpo, las algas, y las tenues gasas.

Son ojos de un avezado pescador
compitiendo con inclementes soles
compenetrados con los elementos
tomando mi cuerpo, lo hace suyo.


N€nf@
Reg-A.G.A.D.U-81174-345
Uruguay

viernes, 16 de julio de 2010

TEMA DE ANTOLOGÍA - A DEFINIR

YAMILKA NOA

DESVELADA


Eran las doce de la noche.
Yo caminaba por Kentish Town.
El frío pesaba en mi nariz y en mis manos.
Mi frente aun reñía por tantos pensamientos confusos:
por eso la boina naranja,
el maquillaje clinique,
los pasos imprecisos.
Ya no recordaba de dónde venía.
Sabía que iba a asesinar a la memoria
-No en Kentish Town- me dije.

Llegué a mi casa, entré a mi cuarto, apagué las luces,
me recliné en la cama… (como siempre sería yo la víctima).
Hubo una lucha, resistencia, golpes sin manos, y una voz que hacía de árbitro;
una voz miserable, ¿acaso ella procuró este juego?

Nadie ganó la pelea.
Vagué de nuevo, mientras clareaba, por Kentish Town;
esta vez sin boina (la memoria resfriada)
y en silencio.





© Yamilka Noa 2010

miércoles, 14 de julio de 2010

TEMA DE ANTOLOGÍA - ELEGÍA A LA PROSTITUTA

URANIA GUERRERO J.

SIRENA...NINFA...HEMBRA...NIÑA


sirena inmaculada
vinieron a beber de tu fuente de fantasías
unicornios principes de cartón y fuego
dragones que quemaron tu cuerpo
mutilaron tu sonrisa y taparon con sortijas
tu hambriento agujero
ninfa hembra eva amante de lobos hambrientos
que buscan ansiosos carnes tatuadas
por estrellas nocturnas y frondosas cabelleras
que hagan cabalgar a sus grandes jinetes
apocalipticos sembrarte monedas
a cambio de obtener ganado fresco
y tu sigues pensando que el amor
es jugarse la vida con los ojos vendados
buscando palacios con principes del inframundo
no sabes que el amor no es tortura
ni que tu cuerpo no se subasta con adanes
que es el templo del alma de la luna
pero que sabes tu pobre niña
si no te enseñaron que el sol
estaba del otro lado de tu cuna
si no te contaron cuentos de hadas
pero si de duendes que entran en la noche
a robarte el pan de tus senos
a beberse de tus labios tu alma blanca
a herir tu cuerpo con alucinaciones
a dejarte morir en el callejón de los buitres
quien no te mira con alfileres
te hiere o se compadece
pero niña hembra ninfa sirena
mujer levanta tu cara se valiente
vistete de reyna y no dejes que vengan por ti
los pescadores
de almas
ve en busca de tu corazón aquel que robaron
los que mecieron tu cuna
los que se comieron tu casita de dulce
para volverte una cazadora en celo
cambia el rumbo de tu corazón
sacudete la noche abre las ventanas
deja que entre la luz
y te deje ver el camino
que alguien te espera en algun lugar
con un paragüas para limpiar tus lágrimas
y un quinque para alumbrar la neblina
de tus parpados
despierta sirena ninfa hembra niña
ve en busca de tu alma

lunes, 12 de julio de 2010

TEMA DE ANTOLOGÍA - EN FAVOR DE LA PAZ

JUAN FRAN NÚÑEZ PARREÑO

A LOS GOBERNANTES DEL MUNDO: PAZ

Dejad en PAZ al mundo,
dejad a todo el mundo en PAZ,
haced la PAZ con el mundo,
haced un mundo en PAZ,
haced de la PAZ un mundo,
dejad en PAZ a la PAZ,
haced la PAZ a la PAZ,
dejad en PAZ a la guerra,
haced la PAZ a la guerra,
gobernad en PAZ,
pacificad los gobiernos,
vivid en PAZ,
pacificad la vida,
haced la vida en PAZ,
haced de la vida la PAZ,
sólo hay una, corta y valiosísima vida,
no creéis infiernos,
no hagáis leyes para herir y matar,
no gobernéis el dolor y la muerte,
gobernad la alegría y la vida,
haced el favor de hacedlo,
por favor.

domingo, 11 de julio de 2010

TEMA DE ANTOLOGIA - EN FAVOR DE LA PAZ

URANIA GUERREO J.

UNA VELA BLANCA



es la noche criatura que adolece de sentidos
más su magnetismo recorre tus instintos
nos funde en el cloroformo de la estrella
nos deja colgando de alfileres con otros visitantes de la luna
recorro el firmamento ...una pluma satinada de blanca espesura
me recuerda, que la obscuridad del mundo tiene luz
giro con la luciernaga embrionica de mis sentidos hondos
respiro la divinidad creada por los dioses
soy templo, canto, vibro ,mi sonido viaja ,destila madrugadas
con las sirenas astrales, miro otro mundo
en las olas satelitales de otras obras momificadas
que no entienden que confunden con su eco
su energia abraza su cielo su suelo impenetrable y hueco
alcanzo a oir que gotea un suspiro que transpira una sonrisa
que a bajado un ángel del cielo en una golondrina
la flama abona los 5 sentidos, el alma vuela como un pájaro en giros
muere el plumaje reflejo de un espejo empañado
con alas de noche que pudren y no reconocen
la flauta del universo ,el color de de su fauna,
la sabiduria colgada de una rama
el incienso perfume que exclama a ser sensitivos
y eclipsan con el diezmo diario de su diluvio
abre las ventanas llama a entrar a los alcatraces
duerme con los ojos abiertos de un río estrellado
deja que tu velo dorado rasgue rostros
con tu rayo luminoso de paz
una vela blanca
apaga la oscuridad
una sonrisa nos vuelve unidos
columpios de humanidad
tus ojos son los míos
un reflejo te espera en el espeso
espejo donde fluye un río
que te enseñara a remar
con el unico don ...el de amar

TEMA DE ANTOLOGÍA - A DEFINIR

GABRIELA ARAGÓN

PUTREFILIA


Se le han llenado de aftas la boca. Supura saliva hedionda con matices amarillentos y rojos de una lengua que cuelga atónita, fría seca. Su rostro es un lienzo enmohecido, carcomido por ácaros transparentes que transitan inquietos entre el poco cabello que queda y la purulencia de las llagas. Los pellejos que cuelgan donde alguna vez estuvieron las mejillas, se inflan como globos de papel esperando sea el último aire que entre en este saco de tripas porque pueden rasgarse. No adornaría el cuadro con una boca improvisada, donde se asoman las pocas muelas verdes que quedan. Entraría más aire para respirar, pero terminaría de apestar la pocilga con su doble aliento.

Palabras y quejidos, ninguno se entiende. Son letras virulentas de dolor, quejidos mal pronunciados, exhalaciones contaminadas.

Veneno en sus venas recorriendo los capilares cerebrales, impulsado por el ansia y el miedo más que por su ritmo natural del corazón.

Empeines acalambrados con tobillos fracturados. Dedos de piedra envueltos de piel caliza que espolvorea escamas al aire con las convulsiones ordinarias.

Momia hermafrodita de sexo pulverizado. Cuando sus movimientos involuntarios le conducen las manos hacia ese hueco, su gesto cambia, sonríe con lentitud idiota. Su agusanada mente solo guardó un recuerdo. Memoria de sexo, de placer que ya no está.

Han logrado alargarle la existencia.

No entienden la resistencia ni el placer a la putrefacción.

El murió poco antes de que la encontraran comiéndole el corazón.

El envenenamiento por mercurio no tarda en enviarla a su lado, mientras, aun saborea los latidos de su amado, las venas deslizándose entre los dientes, la sabia sangrienta de él en su boca emponzoñada.


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TEMA DE ANTOLOGÍA - RELATOS ERÓTICOS

GABRIELA ARAGÓN

DESAYUNO


EL móvil de palitos asiáticos se agitó cuando entró empujando la puerta con la espalda. Era como dar aviso a todos los que estábamos adentro: yo, leyendo notas aburridas sobre las elecciones municipales; la mujer del rímel corrido que pedía la tercera o cuarta taza de café encendiendo con dificultad su cigarrillo y la mesera con un gesto de carga laboral que levantaba la ceja al verlos entrar.

Venían atados de sus meñiques, un poco menos que con la mirada. EL espacio se llenó de sus risas y murmullos al oído que èl le propiciaba mientras le jugueteaba el cuello.

Con las palmas de ella y caminando para atrás detectó el asiento. Sin importar la distancia dejó caer el peso para acomodarse y se asió del cinturón de él , con un tirón lo obligó a sentarse junto a ella.

Tuve que bajar la mirada abruptamente y colocar mis ojos en cualquier línea del periódico cuando él se dio cuenta de mi indiscreta atención que les ponía.

Pedí otro jugo con hielos.

El ventilador corría lento, alguien había bajado su velocidad.

La mujer de los ojos manchados perdía su mirada en el ventanal, ni siquiera sudaba y el delicado suéter que la cubría parecía ser poco para su frío.

Con la libretita en la mano, la mesera apuntaba los detalles del pedido, pero en realidad ellos ni siquiera habían leído el menú de la carta, estaban tan entusiasmados con sus bromas tontas que ni cuenta se dieron cuando los platillos estaban listos en la mesa.

Las noticias parecen ser siempre las mismas.

Un cortado para él, un plato de hot cakes para compartir, la botella de miel de maple y un té helado para ella.

Mi vaso se había vaciado de nuevo y la sed iba aumentando. “Un vaso de agua por favor señorita… sí, con hielos , gracias”

EL maple comenzó a deslizarse en el aire para adornar los panecillos mientras la mantequilla danzaba deshaciéndose entre los dedos de ella que la esparcían. Nadie perdía detalle, estaban tan pendientes como yo de la agitación de sus respiraciones.

De pronto el maple dejó de llegar al hot cake para enredarse entre sus dedos. Era un fluido viscoso estirándose y encogiéndose, abriendo y cerrándose.

Yo comencé a perder la discreción cuando el limpiaba con su lengua las manos embadurnadas de su compañera. Parecía que a propósito colocaba gotas de maple en su cara. Manchas de dulce brillo por el cuerpo de ella, pensé.

Sin darme cuenta, yo jugueteaba con el hielo en la boca, mientras doblaba el periódico que me ensuciaba las manos de un gris molesto y lo abandonaba en la mesa.

EL café cortado saltó de la boca de él en medio de un beso atornillado que inundó la boca de ella. Su lengua le penetraba los labios con embestidas rítmicas mientras me daba cuenta de que las manos traviesas de ella sujetaban con fuerza las costuras del pantalón por debajo de la mesa.

Tenía que controlar de alguna forma este calor, mi nuca se empapaba y el ventilador estaba a punto de detenerse, cosa que me enfurecía.

Me levanté al lavabo y me pareció ver la mano de él rozando un endurecido pezón mientras lo disimulaba con un abrazo.
Me miré al espejo con la cara mojada, mi aliento empañaba el reflejo. Ojalá hubiera podido calmar mi calor, si tuviera un poco de valentía sería capaz de desnudarme y enfriaría mi piel, pero esas “ son locuras” pensé. Me tuve que conformar con enfriar solamente las sienes por breves segundos.

Regresé a mi mesa. La mesera retiraba las servilletas sucias de mi lugar. Tomé asiento para acomodar las notas de mi agenda y pedí la cuenta.

Los busqué de nuevo.

No estaban. En su mesa, el plato abandonado con gotas de miel regadas, pocas señales de breves mordidas, el cortado se había enfriado y el té helado sudaba aislado en un rincón con un charco que mojaba la mesa.

Pagué la cuenta y un raro sentimiento frustrado por no haber continuado la escena de un desayuno acalorado de esos “locos atrevidos y poco hambrientos”. Pensaba en la carencia de valentía y el exceso de formalidad que me cargo. A veces comer deseo deja más satisfecho que una buena lata de atún.

Tomé mis cosas, dejé una propina que robó una tiesa sonrisa en la mesera y al acomodarme para dar los primeros pasos, la sed me inundó de nuevo, mi garganta se secó y el silencio volvió a llenarse de las risillas que ya conocía.

EL salía del lavabo de mujeres acomodándose el pantalón mientras ella cerraba la puerta con gesto de una naturaleza impresionante. El cabello mojado de ella no otorgaba calma a las ideas que me vinieron sobre lo que pudieron vivir ahí adentro.
La mujer de los cinco o seis cafés frota sus manos buscando calidez en los alientos de tabaco. Una lágrima gotea salando su bebida.

EL ventilador ha vuelto a tomar ritmo.

Ella anuncia su despedida jalando la puerta. EL móvil de palitos asiáticos se ha agitado de nuevo. Se van enganchados de los meñiques. EL camina atado a sus labios.

Yo, solo quisiera ser un poco valiente para dejar de sentir esta sed.


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lunes, 5 de julio de 2010

TEMA DE ANTOLOGÍA - RELATOS ERÓTICOS

JUSTO EN EL MEJOR MOMENTO

JUAN FRAN NÚÑEZ PARREÑO

Lo habían estado planeando durante los últimos días, y hoy, esta noche, noche vieja, era el momento ideal. ¿Qué mejor manera de celebrar la despedida del año que acaba y la entrada del nuevo año que regalándose, en estas fechas tan señaladas, su primer encuentro, un encuentro especial, amoroso y pasional?

Raquel, reservada divorciada cincuentona sin hijos, flamante vencedora de la guerra contra la menopausia, de pelo corto castaño de bote, que nada ayuda a su poco agraciada cara, con peligrosas, generosas y pesadas curvas acordes a su edad ―se podría decir que es más fácil saltarla que darle la vuelta―se entregará y refugiará, como habitualmente hace hasta bien entrada la noche, en su solitario trabajo de restauradora de cuadros en el Museo del Prado; aunque la verdad es que lleva todo el día pensando en la cita que tendrá, en unas horas, con su recién conocido amiguito, regordete, calvo, y lo que más le gusta de él y más morbo le da es que será ella quien lo va estrenar. Después de más diez años de no haberse acostado con ningún hombre, ni tan siquiera de haberse consolado a sí misma en esos naturales momentos de necesidad y excitación humanas, cosa que nunca en su vida se ha atrevido a hacer por el miedo que les metieron a ella y a sus compañeras en el colegio de monjas en el que estudió durante su niñez y adolescencia, y que aún lleva metido en el cuerpo; pero esta noche va a dejar a un lado todo ese rollo religioso de los pecados de la carne y sólo se va a dedicar, en cuerpo y alma terrenales, a disfrutar del placer carnal, incluso está dispuesta a hacer cosas que jamás ha hecho, como una felación o un coito anal; está tan deseosa que de sólo pensar en eso se le endurecen sus grandes pezones, acordes con sus enormes pechos, y se le moja y estremece su hambriento, desaprovechado y carnoso sexo.

José, tímido soltero cuarentón, feo, calvo, miope, de sobrado peso y escasa estatura, estrenará para la ocasión unos calzoncillos rojos comprados ayer por la tarde, dicen que da buena suerte llevar algo de ese color, aunque no cree mucho en esas supersticiones se los pondrá a ver si continúa, durante mucho tiempo, este golpe de fortuna que ha cambiado recientemente su monótona y solitaria existencia, y además ya necesitaba renovar su escasa ropa interior, así que mata dos pájaros de un tiro. Cuando llega a casa después del trabajo ―hoy es treinta y uno de diciembre, y no obstante le ha tocado trabajar hasta las tres de la tarde en su puesto de catalogador en el archivo de la Biblioteca Nacional―se pone a recoger como mejor puede la desordenada casa, poniendo más empeño en su desastrosa habitación, el lugar donde disfrutará locamente por primera vez con su nueva pareja, y con la que está decidido a perder de una vez ya su virginidad; pase lo que pase, esta noche sí la meterá. Sí, por fin después de tantos años puede decir que tiene una pareja, una compañera que le será fiel, diferente a las caras y descaradas bailarinas, preferiblemente gorditas, a las que veía los fines de semana en los privados de algunos clubes de Madrid, que le cobraban por adelantado y a las que nunca tocaba ni llegaba a nada, porque lo único que buscaba en ellas es ver sus bailes eróticos mientras las contemplaba, a pesar de que en el momento en que se desnudaban, él siempre acababa eyaculando sin remedio sin poder quitarse ni si quiera los pantalones ni sacársela para masturbarse, como hacía a diario en su casa viendo videos porno bajados de internet, y así al menos poder derramar su semen fuera, y no ser, como siempre es, el motivo de las risas y del cachondeo de chicas y clientes de los locales a los que va; visitas y hábitos solitarios con los que decidió terminar definitivamente cuando la conoció a ella.

Después de una estupenda cena, al fin el momento tan esperado y deseado ha llegado. Raquel, a la luz tenue de las numerosas velas aromáticas que ha distribuido por el cuarto, empieza a bailar delante del gran espejo del armario, con su virginal amante esperándola sobre la cama vestida con sábanas de seda, le encanta mirarse y mirarlo a él mientras se mueve; lentamente, se aproxima al lecho dejando caer su vestido de noche color rojo, quedándose totalmente desnuda ya que no lleva nada debajo, ofreciéndole sus abundantes encantos, y mostrando el corazoncito de vello púbico que para la ocasión se ha dejado pensando en él cuando se depiló su sexo. Ya sobre la cama, se tumba boca arriba abriendo todo lo que puede sus piernas para recibirlo. José, que entró en la habitación ya desnudo para no perder tiempo, se estremece al ver a su chica, de pelo corto y de proporciones perfectas para su gusto, cosas que hicieron que se enamorara a primera vista de ella, esperando a ser tomada por él, y esta vez, por primera vez, no había eyaculado antes de tiempo, y por primera vez iba a penetrar con su pene un sexo femenino. Raquel separa con los dedos de su mano izquierda los labios externos de su jugoso y decorado sexo, para así favorecer la inmersión en sus cálidas aguas de ese magnífico miembro erecto de veinte centímetros, duro como una piedra y suave y delicado como el terciopelo, que toma con la mano derecha y lo introduce dentro de su vagina empapada y a la vez sedienta de él. El coito es frenético y salvaje, los movimientos de ese magnífico miembro entrando y saliendo de ese orificio de infinito placer son veloces e imparables. El gozo es extremo para Raquel que después de tanto tiempo, desde la separación de su marido dejando atrás los continuos maltratos, y en el que ya había olvidado lo que era hacer el amor, se siente llena y colmada por esa maravilla que encaja a la perfección en su interior. Para José, la sensación de sentirse por primera vez dentro de un cuerpo de mujer, haciéndolo suyo, agarrando con sus manos esos fascinantes pechos, y chupando esos dulces y duros pezones, es más delicioso de lo que jamás había imaginado. Las campanadas de media noche empiezan a sonar, y con ellas se acompasan los fuertes empujones que da él y las acogidas que recibe ella, y justo en el instante en que va a llegar el último golpe de campana, justo en el segundo en el que un año muere y otro nace, justo en ese momento en el que ambos están a punto de morir de placer para nacer de nuevo de gusto en un inmenso orgasmo, justo en ese momento va y se para el vibrador, con forma de pene, que Raquel tiene dentro de su vagina al agotarse las pilas que lo acompañaban cuando lo compró y que había puesto a la máxima potencia para este encuentro amoroso; y sincronizado como por un maldito cronómetro del destino, en ese mismo instante, la muñeca hinchable sobre la que José desata su locura pasional va y se desinfla al romper con la uña de su dedo meñique, que siempre lleva más larga, el pecho derecho, al agarrarlo y apretarlo desaforadamente con ímpetu y ardor. Justo en el mejor momento, los dos amantes artificiales estrenados esta noche, quedan muertos e inservibles.
―Feliz Año Nuevo amor mío, en cuanto abran las tiendas te compraré unas pilas nuevas alcalinas ―dice Raquel mirando con cariño a su vibrador.
―No te preocupes vida mía, mañana te pondré uno de los parches para pinchazos que tengo de mi bicicleta y quedarás como nueva ―dice José a la muñeca hinchable de la que se ha enamorado.



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